Sin duda, el fado es el símbolo más característico y popular de Lisboa. Y qué mejor manera de conocerla que al ritmo de esta oda que, aunque siempre triste y nostálgica, habla de temas ligados a la ciudad. Desde hace 150 años, acompaña las vidas de los lisboetas, amantes incondicionales de su tierra, y por supuesto, de todos los viajeros que se acercan hasta aquí. Y, aunque se trata de una música melancólica, no hay que llevarse a engaño, ya que el fado anima las fiestas y las noches portuguesas. Una de las alternativas más recomendables es dejarse seducir por esta encantadora melodía en alguno de los restaurantes de barrios populares como Alfama, Mouraira o Castelo, a la vez que degustamos la exquisita gastronomía del lugar. Todo ello, a un precio muy aceptable.
Un recorrido por sus barrios
La primera vez que el viajero penetra en la entrañas de esta luminosa y sugerente metrópolis siente que los cinco sentidos no van a alcanzarle para embriagarse de toda su esencia. Aunque dos o tres jornadas completas son suficientes para visitar los lugares más emblemáticos y obtener una primera impresión de Lisboa, es necesario visitarla en repetidas ocasiones para saborear su intensidad y profundizar en su riqueza histórica, artística y cultural.
Los diferentes barrios que integran la capital portuguesa conservan una personalidad propia y peculiar pero, al unísono, le confieren a Lisboa un carácter único. La mejor manera de recorrerla es utilizando el transporte público (metro, barco, autobús o tranvía). Una de las opciones más recomendables es el tranvía, que con más de 100 años de antigüedad, forma parte del corazón y el alma de la ciudad y recorre las siete colinas y los barrios más antiguos de la capital lusa. El servicio regular cuenta con 55 tranvías cuyas líneas de mayor interés para el turista son las nº 28 (que atraviesa Lisboa desde la ‘Praça de Martim Moniz’ (Baixa) hasta ‘Prazeres’ (una de las siete colinas), 25, 15 y 12.
La primera jornada en Lisboa puede dedicarla el viajero a conocer algunos de los barrios con más historia y solera. Iniciamos el recorrido en la zona de ‘Baixa Pombalina’, que debe su nombre al Marqués de Pombal. En 1755 un fuerte terremoto arrasó la ciudad dejándola prácticamente destruida, sobre todo la zona del centro. El Marqués de Pombal se encargó de reconstruirla y de imprimirle un estilo propio que posteriormente acuñó el nombre de estilo Pombalino. La Avenida de la Libertad, arteria principal de Lisboa, une la zona empresarial de la capital con la ‘Baixa Chiado’. Continuando el recorrido llegamos a la Plaza del Comercio, centro neurálgico de la capital y puerta de acceso al frente marítimo.
Tomando el tranvía 28 se asciende hasta otros barrios históricos como Alfama, Castelo y Mouraira. Parada obligada merece la ‘Sé Catedral’, de estilo románico y construida sobre la anterior mezquita árabe. Si subimos de nuevo al tranvía, la siguiente parada en el largo de Graça nos permitirá recorrer a pie el camino que conduce al ‘Castillo de San Jorge’, desde donde se disfruta de una de las mejores vistas de Lisboa y del estuario del Tajo.
Los viajeros que lo deseen pueden continuar el trayecto en tranvía hasta las proximidades de la fortaleza. Aquellos que quieran realizar un alto en el camino y degustar las exquisiteces culinarias del lugar al abrigo de una panorámica excepcional, deben visitar el restaurante ‘Casa de Leâo’. Aunque no se trata de un lugar para presupuestos ajustados, ofrece una buena relación calidad-precio.
Tras visitar el ‘Monasterio de Sâo Vicente de Fora’, uno de los primeros templos cristianos de la Lisboa reconquistada, el tranvía se sumerge el barrio árabe de Alfama, balcón del Tajo cuajado de callejuelas estrechas, escaleras y recónditos recovecos. El que fuera antaño uno de los barrios más deseados de la ciudad por las gentes adineradas es hoy una zona poblada por familias obreras y pescadores que conserva un encanto especial y que invita a pasearlo sin prisas y a disfrutar de la Lisboa más pura en alguno de sus numerosos y típicos restaurantes.
De nuevo en la ‘Baixa Chiado’, el tranvía sube por otra de las colinas de la capital hasta llegar a la zona de Chiado, un barrio asociado desde siempre a tertulias y movimientos culturales debido a que aquí se reunían los intelectuales y artistas portugueses más conocidos. Entre ellos Pessoa, cliente habitual del popular ‘Café A Brasileira’, decorado con una estatua del genial poeta. También es posible ascender hasta Chiado en el elevador de Santa Justa (1902), declarado en 2002 Monumento Nacional, que conecta la ‘Baixa’ con la zona de ‘Carmo’.
Se dice que en el S.XIX el barrio olía al perfume de las grandes damas. De hecho, aun es posible visitar tiendas con más de dos siglos de antigüedad que conservan el estilo de antaño. Destacan, entre otros establecimientos, la ‘Librería Bertrand’, que data aproximadamente de 1732. No olvide adentrarse en ‘El Pequeño Jardim’, en el ‘Largo Do Chiado’, una exquisita tienda donde encontrará flores de mil colores procedentes de diversos países del mundo. Por otro lado, si desea adquirir artículos de lujo o de marcas internacionales se encuentra en el lugar adecuado.
Muy cerca de Chiado está el Barrio Alto, donde se dice nació el fado, y que hoy se ha convertido en cuna de las tendencias más modernas y del diseño más vanguardista. Una zona quinientista de estilo único que da cobijo a los restaurantes y locales más ‘fashion’ de la movida nocturna lisboeta. Junto con las ‘Docas’y la ‘Avda. 24 de Julio’ constituye una de las zonas favoritas de los amantes de la noche. Aquí la marcha está asegurada. Finalmente, el tranvía llega a Estrela, otra de las colinas de la ciudad. Merecen visita obligada la ‘Basílica da Estrela y el Jardim da Estrela’.
La zona de Belém
La segunda jornada en la ciudad podemos dedicarla a conocer la zona de Belém, escenario de los Descubrimientos. Es posible acceder a ella en bus, tranvía (nº 15) o tren. Aquí se congregan monumentos y centros culturales de gran interés . El más popular y conocido internacionalmente es la ‘Torre de Belém’, del s. XVI y clasificado como Patrimonio Mundial por la UNESCO. A lo largo de su dilatada historia, la Torre ha desempeñado diferentes funciones tales como la de fortaleza o prisión. De estilo manuelino, hoy está emplazada frente al Tajo, pero antiguamente estaba en medio del río, ya que el agua llegaba mucho más arriba.
Imprescindible es la visita a El ‘Monumento de los Descubrimientos’ (1940) y al ‘Monasterio de los Jerónimos’, declarado también Patrimonio Mundial. El primero se alzó en el lugar desde el cual se dice que partieron todos los barcos hacia el Nuevo Mundo. Por su parte, el Monasterio, también de estilo Manuelino, fue construido con el dinero obtenido de la venta de pimienta importada de las colonias. Cuenta la leyenda que el rey Manuel I se quedó sin dinero para seguir levantando el edificio y los frailes del Monasterio crearon los populares ‘Pasteles de Belém’ para seguir financiándolo. Como apunte curioso: hoy en día sólo tres personas de una misma familia conocen la receta de estos dulces, que se fabrican y se comercializan únicamente en la pastelería ‘Pasteis de Belém’ (Rua de Belém 84-92), que desde 1837 custodia celosamente el secreto mejor guardado de Lisboa. La casa ha pasado por cinco generaciones de la misma familia.
El ‘Palacio de Belém’, residencia del presidente de la República, el ‘Centro Cultural de Belém’, donde se puede almorzar con vistas al Tajo y al jardín de Belém, o el ‘Museo de la Electricidad’, desde el cual zarpa un servicio de barcos para cruzar hasta la otra orilla, completan, junto a otros puntos de interés, el recorrido por la zona de Belém.
Si el tiempo acompaña, el viajero puede dedicar el resto del día a visitar el ‘Parque de las Naciones’, construido con motivo de la Expo Universal de Lisboa de 1996. Aquí se encuentra el mayor Oceanográfico de Europa y el Pabellón del Conocimiento Ciencia Viva. Además, se trata de un espacio ideal para disfrutar de un divertido día al aire libre a orillas del Tajo. Si no tiene vértigo, no deje de subir al Teleférico de Lisboa, una agradable experiencia que le proporcionará unas vistas inigualables.
Capital Cultural Europea en 1994 y aglomerado de influencias y contrastes multiseculares, Lisboa es una ciudad que sorprende por la infinidad de tesoros que esconden sus vetustas y solariegas calles.
Sólo aquél que se acerca hasta ella sin prejuicios ni ideas preestablecidas descubre los sorprendentes atractivos de una capital fascinante y apasionada que se revela como uno de los secretos mejor guardados de la vieja Europa.
Sugerencias:
DEGUSTE
La gastronomía local en el Restaurante ‘Martinho da Arcada’ (Plaza Comercio). Pessoa acudía frecuentemente a comer. Como no tenía dinero, pagaba con poemas.
PRUEBE
Los deliciosos ‘Pasteis de Belém’ en el establecimiento del mismo nombre (Rúa de Belem, 84-92).
DISFRUTE
De una cena acompañada de espectáculo de fado en alguno de los restaurantes del barrio de Alfama. Recomendamos el restaurante ‘Bacalhau de Molho’.
PASEE
Por el barrio de Chiado y de Carmo y visite sus ancestrales y típicas tiendas.
DISFRUTE
De la noche lisboeta en alguno de sus locales más actuales: ‘Pavilhao Chines’ (Rua Dom Pedro V, 89-100). Antigua tienda de ultramarinos reconvertida en un modernista local repleto de muñecas, aviones y cerámicas de Rafael Bordalo Pinheiro. Ideal para descansar por la tarde o primera hora de la noche. ‘Lux’ (Avenida Infante D. Enrique, Armazen). Éste es el bar más moderno de Lisboa y su propietario es nada menos que John Malkovich. Tres ambientes de lujo cargados de diseño y mucha gente guapa. ‘BBC’ – Belém Bar Café(Av. De Brasilia – Pavilhao Poente, 1300-598). Un local moderno especialmente recomendado para cenar y tomar copas.
Texto: Esther Rodríguez
Fotos: Turismo de Lisboa www.visitlisboa.com