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india1.jpgIndia, Ruta a Varanasi, la ciudad sagrada

La India es el país del color y los aromas. El pueblo hindú ha creado la belleza por todas sus partes: en su vestimenta, en sus joyas, en sus casas y en los monumentos. Su gran sentido de la estética, su forma de vida, su alegría y esa pasión por celebrarlo todo hacen de este exuberante lugar el mayor teatro del mundo al aire libre.

 

 

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India es un país de contrastes. Existen zonas desérticas, montañas, ríos, lagos y verdes campos. Hay fortalezas de apariencia austera que encierran bellos y delicados palacios. La clase social alta, con sus vidas lujosas, se mezcla con la gente rural, que trabaja de sol a sol por dos comidas diarias. Es una tierra de paradojas, donde siempre cabe esperar lo inesperado. Se ama o se detesta, pero hay algo claro: la India nunca provoca indiferencia. La excitación y la confusión están garantizadas.

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Para conocer una pequeña parte de este subcontinente de más de mil millones de habitantes, una veintena de lenguas oficiales y 14.000 dialectos proponemos una ruta que discurre por el estado de Uttar Pradesh, de Delhi a Varanasi. En la capital de esta vasta península -Delhi-, sólo nos entretenemos para contratar, en una de las muchas oficinas de turismo que existen, los servicios de un conductor y los hoteles. Se puede viajar en tren, pero hay que tener en cuenta, cuando no se dispone de todo el tiempo deseado, que los horarios son limitados y llegar a poblaciones pequeñas precisa de largos recorridos en incómodos autobuses.

 
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AGRA

Alcanzar nuestro primer destino, Agra, a solo 200 kilómetros, nos avanza lo que va a ser el resto del viaje: horas de coche, calor, pitidos continuos, caos circulatorio y glorietas en las que coches, rickshaws -carros tirados por bicicletas que hacen de taxis-, vacas, motocicletas con al menos 4 miembros de la familia, camellos, niños y mayores se agolpan para pasar. Rápidamente tomamos conciencia de donde estamos. En Agra -capital de los mogoles- se encuentra “la tumba más bonita del mundo”, el Taj-Mahal, símbolo del amor eterno.

El quinto emperador mogol, Shah Vahan, mandó edificar en el siglo XVII, este mausoleo de mármol para que descansara el cuerpo de su amada Mumtaz, que murió durante el parto de su 14º hijo. Asombra la maestría con que se trabajaron sus detalles decorativos, las piedras semipreciosas utilizadas y la gran variedad de mármoles de distinto color que lo forman. No solo nos asombra a los occidentales; cientos de hindúes, vestidos con sus mejores galas, se obsesionan por tomarse una foto delante de este monumento incluido en la lista de las maravillas del mundo. El Fuerte Rojo, también en Agra, es otro ejemplo de arte mogol que no nos debemos perder.

 

  

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ORCHHA

Continuamos hacia Orchha, un legado arqueológico oculto -la palabra Orchha quiere decir escondido- de la India medieval. Esta población de unas pocas calles inmersa en un maravilloso complejo de palacios y templos, fue durante dos siglos -del XVI al XVIII- capital de los Bundela. Sus monumentos se hallan en un hermoso entorno natural y son algunas de las más impactantes construcciones Rajput. Visitas obligadas son el fuerte de Orchha -localizado en una isla del río Betwa-, que encierra los palacios más importantes, y los templos del corazón de la ciudad, que se convierte en un extraordinario torbellino de color, música y movimiento y que manan olores a especias, sándalo e incienso.

Hasta el mes de septiembre podemos ser sorprendidos por el monzón, por lo que si viajamos durante el verano, es posible que nos toque caminar con el agua hasta las rodillas, teniendo que apartar alguna vaca que se interponga en nuestro camino. Toda una aventura.

 

 
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GWALIOR

 

Nos adentramos con nuestro chofer -que nos demuestra cada poco, al salvar los continuos obstáculos, su pericia en la conducción- por una altiplanicie que posee el mayor porcentaje de bosques en India. Llegamos a Gwalior, una localidad famosa por su antiguo y enorme fuerte con más de mil años de antiguedad. Es una de las más antiguas muestras de arquitectura palaciega hindú. Pero lo más impresionante es la escarpada pendiente que conduce al fuerte; se atraviesa una tortuosa garganta en la que hay cuevas que en su tiempo sirvieron de morada a los ascetas jainistas, y está flanqueada por esculturas gigantes del siglo XV esculpidas en la roca: los Tirthankaras –los profetas de la religión jainie-.  Gwalior es poco turístico, con lo que somos un atractivo para los niños, que nos acompañan en masa para observarnos, darnos la mano o simplemente sonreírnos.

 

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KHAJURAHO

 

Nuestro siguiente destino es Khajuraho, famoso por poseer “los templo más exquisitos del mundo”. Descubiertos en medio de la jungla por los británicos en 1840, fueron construidos por la dinastía Chandela entre 950 y 1050. De los 85 magníficos santuarios de arquitectura indoariana aquí levantados, tan solo quedan 20. Son sus adornos lo que los han hecho famosos. Las piedras talladas muestran como era la vida en India hace un milenio: dioses y diosas, guerreros y músicos, animales reales y mitológicos y sobre todo, mujeres y sexo. En todos los templos aparecen figuras de piedra desnudas en diferentes poses. Entre medias está la mithuna -talla erótica de parejas de mujeres y hombres-, representando todas las posiciones del Kamasutra.

Cuatrocientos kilómetros y ocho horas de camino nos separan de Benarés, nuestro siguiente destino. A pesar de ser un terreno totalmente llano, los pueblos que atravesamos se extienden longitudinalmente a lo largo de la carretera. No hay segunda fila de casas, por eso no es de extrañar que aquí la vida se desarrolle en medio de la vía: vacas sagradas descansando plácidamente, un grupo de hombres jugando a un improvisado juego de mesa, mujeres con cántaros en la cabeza que caminan por el medio, niños corriendo... Hay que armarse de paciencia, pero es una buena oportunidad para conocer la India rural. Y más paradas, los improvisados peajes, que consisten en una simple cuerda sujeta por una persona en cada extremo, que tensan o destensan cuando has de parar o continuar.

 

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VARANASI

 

Por fin llegamos a Varanasi -o Benarés-, la ciudad de Shiva, uno de los lugares más venerados de India, a orillas del sagrado Ganges. Peregrinos hindúes de todos los rincones acuden a bañarse en sus aguas. Para apreciar la magnificencia de las orillas del río Ganga -como aquí llaman al Ganges-, en Varanasi, hay que llegar al amanecer. A medida que nos acercamos, decenas de personas van surgiendo de las callejuelas y entran en las vías principales para unirse en los ghats -las escalinatas que bajan al río-. Cada devoto lleva algo -una cestita de flores, unas velas, una muda de ropa...-. Para ellos, nada hay más importante que sentirse envuelto en el regazo de la madre Ganga y ponerse a los pies del dios Vishvanath cuyas bendiciones deben consagrarse cada día. Bañarse en ella o beber su agua trae la salvación hasta la séptima generación y en el momento en que las cenizas de un muerto tocan su agua, su alma es transportada al cielo.

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Las congregaciones se van agrandando con el paso de los minutos. Los fieles cogen agua y la llevan a su frente en señal de reverencia y después se sumergen en sus aguas. Hombres con ropas alegres, mujeres con saris de distintos colores -el rosa, azul y amarillo del norte de la India, el índigo, púrpura y naranja del sur, los blancos de borde de rojo de Bengala-, personas de distintas comunidades y castas, campesinos analfabetos, brahmanes eruditos, una viuda vestida de blanco, una pareja recién casada. Todos se bañan juntos, hacen abluciones, cantan el Gayatri mantra para invocar al sol, presentan sus respetos a la Fuerza Suprema y al río que es la fuente de vida. Lo mejor es alquilar una barca en cualquier ghat y recorrrer parte de los cinco kilómetros por los que se extiende la ciudad.

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De esta manera podemos contemplar el vasto anfiteatro del Ganges, un espectáculo de grandes contrastes: enormes estructuras de mampostería, pináculos de templos bañados en oro, minaretes que tocan las nubes, palacios de fábula, mansiones desmoronándose, casas nuevas, anuncios que engatusan a comprar un afrodisíaco... pero sin duda, el espectáculo está en el ritual de los peregrinos, que se purifican en sus aguas para disipar todos sus pecados.  Las hogueras arden a todas horas en los ghats de Manikarnika y Jalsain y las altas llamas, el humo espeso y negro y las pilas de leña casi oscurecen la vista del río. La muerte en Benarés no es ocasión de dolor. Merece una celebración por liberar al ser del ciclo de la reencarnación.

 

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Con los últimos rayos de sol, los brahmanes ejecutan los ritos de la tarde con extremada concentración ya que cualquier error de palabra o entonación será un obstáculo en su comunicación con el Absoluto. La vida y la muerte van de la mano en Benarés. A medida que oscurece, los devotos se dirigen hacia el templo de Vishvanath para atender la ceremonia del árti. En los ghats, los sacerdotes preparan la lámpara de 101 mechas para ofrecer el árti al Ganges. Entre una estridente salmodia de palabras sagradas, el resonar de caracolas, campanas y gritos de “gloria a la madre Ganga” y “gloria a Shiva”, se honra a los dioses protectores que han sostenido a la ciudad más sagrada de la India durante tantos siglos.

El ambiente de Varanasi responde ampliamente a todo tipo de búsquedas, desde lo espiritual hasta lo comercial. Las leyendas y supersticiones, el romance y la realidad son parte integral de la vida. Las 16 horas de tren que tardamos en volver a Delhi, no son suficientes para asimilar el bombardeo de sensaciones que provoca la India. Un país que uno no se limita a ver, sino a sentir. Una experiencia inigualable pero difícil de explicar, ya que es totalmente distinta para cada cual.Pero hay algo común para todos en este viaje: hagas lo que hagas, veas lo que veas, la India jamás se olvida.  

 

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Reserva de hoteles 

Guía Práctica

CÓMO LLEGAR

En avión, desde Madrid a Nueva Delhi con distintas compañías: Alitalia, KLM o Air France. Se hace escala en alguna ciudad europea.

SALUD

Conviene vacunarse del tétano, de la hepatitis A y B y de las fiebres tifoideas. La profilaxis contra la malaria dependerá de cada uno. La enfermedad es endémica del país pero hay que recordar que los fármacos existentes no impiden la infección. Se recomienda no beber agua del grifo ni alimentos sin cocinar. Es aconsejable llevar un botiquín bien preparado con aspirinas, antihistamínicos, antidiarreicos, antibióticos, antisépticos, repelente para insectos, etc. En las ciudades abundan las farmacias y los médicos, pero no en las zonas rurales. En ese caso, ponerse en contacto con el mejor hotel del pueblo será la mejor opción.

EPOCA DEL AÑO

Desde mitad de agosto -que el calor es menos sofocante y el monzón está terminando en Uttar Pradesh- hasta marzo es buena época para viajar a esta zona de la India.

DOCUMENTACIÓN

Pasaporte y Visado. El visado se tramita en la embajada de India en Madrid y tiene una validez de seis meses. www.embajadaindia.com

MONEDA Y CAMBIO

La moneda oficial es la Rupia. En estos momentos, 56,51 rupias equivale a 1 euro. En el aeropuerto y ciudades grandes existen bancos y oficinas de cambio, pero no en las zonas rurales.

 

Texto: Ana Vargas

Fotos: David Santiago

 
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